
Unos cuantos veranos atrás, conocí a un personaje muy peculiar mientras disfrutaba, junto a la soledad, de mi café matutino.
El desconocido se me acercó para preguntarme, cortésmente, si podía dejarle oler lo que estaba bebiendo. Asentí extrañada diciéndole que podía oler aquella taza tanto como quisiera a pesar de que tan sólo contenía café. Tras oler durante varios minutos la bebida con los ojos cerrados, sacó de su maletín un pequeño frasco que llenó, ante mis ojos, de lo que a mi me pareció ser aire. Seguidamente lo etiquetó con una diminuta etiqueta que rezaba una única palabra: ‘’Café’’.
‘Perfecto’-me dije.- un loco anda suelto y tú has sabido dar con él. Para colmo ya puedes irte despidiendo de tu querido café. ’’
Pero, una vez acabado el proceso meticuloso del etiquetaje, me devolvió mi café intacto.
‘’No estoy loco’’-Me aseguro sonriendo-‘’Tan sólo soy un simple Ladrón de olores. ’’
Por muy loco que estuviera aquél desconocido me pareció un personaje bastante interesante. Sentí pena al perderlo de vista, en un abrir y cerrar de ojos había desaparecido por completo de mi campo de visión.
Días más tarde, subí hasta el mirador que había a escasos kilómetros de la playa. Desde ese espacio se podía admirar el pueblo al completo, era mi rincón secreto para evadirme del mundo. Fue ahí donde el Ladrón de olores y yo volvimos a encontrarnos.Inmóvil y de espaldas a mí, observaba el mar con los ojos cerrados.
-¿Hoy a quién le robas?-Le susurre en la oreja, en un intento, pésimo, de asustarle.
-Hoy le robo su olor al viento.-Me dijo abriendo los ojos y despertando de un profundo letargo.
-¿Al viento?-Me reí- Pero si el aire es inodoro.
-¿Eso crees? Él es uno de mis mayores enemigos puesto que compartimos una misma afición: robar fragancias. Ya verás, cierra los ojos. Imagina que te robo todos tus sentidos a excepción del olfato. ¿Ya? Bien, ahora dime a que huele el viento.
Como me dijo, cerré los ojos intentando concentrarme tan sólo en los olores que podía captar.
-‘’Frescor’’-Le dije, fue el primer olor que inundó mi mente.
-¿Frescor?-Repitió- Aún no has aprendido a catalogar los olores como es debido, amiga, pero no te preocupes, todo a su debido tiempo. Ese olor a frescor es el olor del mar, el olor del oleaje borrando las huellas que los enamorados dejan a su paso en la orilla, es el olor de los peces bailando entre sus aguas. ¿Qué más hueles?-Me dijo, instigándome a seguir.
-Huelo a dulzura. Pero no se de donde puede salir.-Le contesté, desconcertada.
-Hay un jardín enorme de madreselvas no muy lejos de aquí, el viento ha sabido robar su olor y traértelo hasta aquí. Solo para ti. Fíjate bien, ¿No hueles la humedad de la tierra bajo tus pies? ¿No hueles el rocío descansando sobre el follaje? ¿La madera de una fogata crepitando bajo la danza de las llamas no muy lejos de aquí? Yo soy capaz hasta de oler los rayos de sol calentando tu piel. Pero eso es la práctica amiga mía, y es algo que se adquiere con el tiempo.









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